Un columnista de “The Guardian” se preguntó ¡qué les pasa? cuestionando el apoyo sostenido de las mujeres al Partido Republicano en Estados Unidos. El tema tiene poco de novedoso, pero aun así la pregunta se reitera con frecuencia entre los analistas progresistas, casi siempre acompañada de una noticia sombría sobre algún contragolpe patriarcal en el marco de gobiernos populistas de derecha.

Sin embargo, en lugar de profundizar nuestra comprensión de los aspectos de género del populismo de derecha en ascenso, la pregunta invita a dar por zanjado el asunto justificando el apoyo femenino a estos proyectos en términos de una (falsa conciencia) de las mujeres esto es, de un desconocimiento de la opresión o de un (ejercicio del privilegio), en el sentido de una traición a los intereses de género o a los grupos minoritarios en pos de beneficios individuales.

Por definición, la pregunta misma trata a las mujeres como víctimas o dobles agentes del patriarcado, en lugar de llevarnos a tomar a las mujeres y sus vidas en serio. También pasa por alto la complejidad ideológica de los proyectos de derecha, que no son únicamente anti-mujeres, sino que combinan elementos reaccionarios con la promoción de algunos intereses de las mujeres.

Al presentar a las mujeres de derecha como un problema que requiere una respuesta inmediata, también desvía la atención de las causas estructurales que nutren el apoyo a las políticas de derecha entre las mujeres.

En lugar de preguntar qué les pasa a las mujeres de derecha, deberíamos preguntarnos qué pasa con el sistema político-económico en el que están inmersas y con las alternativas políticas de las que disponen.

Polonia y Hungría pueden darnos alguna pista al respecto. En estos países, los partidos en el gobierno, Ley y Justicia (PiS, por sus siglas en polaco) en Polonia desde 2015 y la alianza Fidesz- Partido Popular Demócrata Cristiano (KDNP, por sus siglas en húngaro) en Hungría desde 2010, se han involucrado en una transformación iliberal que ha desmantelado instituciones democráticas liberales tales como el Estado de derecho, ha colonizado el aparato estatal, ha apuntado contra la sociedad civil basada en derechos y la ha securitizado, y ha ido desmantelando la infraestructura liberal responsable de garantizar los derechos de las mujeres.

A pesar de esta plataforma radical, ambos partidos llegaron al poder gracias a un porcentaje ligeramente mayor de votantes mujeres que de varones y cuentan con su apoyo constante. 39,7% de las mujeres polacas apoyaron al PiS en 2015, en comparación con 38,5% de hombres, y esta cifra solo disminuyó ligeramente después de dos años de gobierno, pese a las amenazas en curso contra los derechos reproductivos. En 2018, en el contexto de un récord de participación electoral, 52% de las mujeres votaron por Fidesz-KDNP, contra 46% de hombres. ¿Cómo podemos entender este apoyo sostenido?

No votan únicamente como mujeres

Primero y principal: la realidad política que el discurso feminista corriente oscurece es que los problemas de los votantes traspasan las líneas de género y con frecuencia están determinados por divisiones socio económicas más amplias. Las mujeres votan por estos partidos no solo como mujeres, sino a causa de problemas y deseos que comparten con los hombres de su colectivo nacional o clase social, lo que nos recuerda las limitaciones de los proyectos políticos basados únicamente en una construcción a partir de los intereses de las mujeres.

S.G.

Categorías: Noticias

Stephanie García

@stepha_mermaid

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